jueves, 21 de mayo de 2009

Los Mandalas

Los mandalas tibetanos son creados por los lamas en sus monasterios y en estado de oración. Los realizan con arenas de colores y una vez logrado el propósito los desahacen para mostrarnos que los apegos no son necesarios.

Veamos algunos ejemplos

lunes, 9 de febrero de 2009

No es nada fácil ser tibetano en el Tíbet



Por los superlativos paisajes y por su prodigiosa cultura la exploración del tíbet es una de las experiencias más fascinantes que puede vivir un viajerto. Con una altitud media de casi cinco mil metros, el país tiene su cúspide en la cima del Chomolangma (Everest). Lo surcan ríos que, en sus cursos medio y bajo, adoptan nombres que hacen soñar: Brahmaputra, Yangtsé, Indo, Mekong..... Es una tierra de lamas y grandes monasterios, de pueblos nómadas y guerreros, donde se cultiva una sabiduría inaprensible para la lógica moderna. Fruto de todo ello, el descubrimiento del Tíbet conmueve al visitante. Por desgracia, no es una coyuntura fácil: las autoridades restringen el acceso a los viajeros independientes, propiciando solo la entrada de grupos organizados. El esfuerzo, en cualquier caso, merece la pena. Además, las dificultades cotidianas de los tibetanos son mucho más importantes.


Desde que China ocupó el país, hace ya sesenta años, no solo ha reprimido las reivindicaciones de soberanía, sino también cualquier manifestación de la identidad local. Persigue la espiritualidad para reducirla al ámbito folclórico. Levanta cercas en el territoriro y confína a los nómadas en enclaves remotos. Y hasta niega el idioma, cambiando los nombres de pueblos, montes o ríos. No es fácil ser tibetano en el Tíbet. China es verdad, ha construido carreteras, escuelas, hospitales, pero no se ha granjeado el aprecio de la población. Además, ha hecho del Tíbet una válvula de escape para su gente: centenares de miles de chinos llegan cada año con su cultura, sus costumbres y el anhelo de una vida mejos a cuestas. Son el "disolvente" en que las autoridades pretenden desleír a un pueblo tibetano que ya es minoría en Lhasa.


A lo largo de este monográfico, viajamos por el Tíbet histórico. Peregrinamos en torno al monte Kailash, recorremos los pastizales de pueblos legendarios, como los golok o los khampa, visitamos monasterios, nos adentramos en el ignoto y despoblado confín occidental, exploramos desfiladeros y visitamos la capital, Lhasa.


Para no extraviarnos en este recorrido apasionante, disfrutamos de una ayuda inestimable: la de Josep Lluçis Alay, director del observatorio del Tíbet y Asia Central.


Sus grandesa conocimientos sobre el paçis y su cultutra han permitido dar forma a un monográfico que pretende estar, como el mismo Tíbet, a la altura de los sueños.